SONIA CAMBIABA POR PANES SU PEZ (Versión Emilio- I parte)

La calzada estaba hecha huecos y Sonia daba saltitos desesperados por no mojar sus taconcitos de gamuza que quien rayos sabrá de donde sacó, era sábado por la noche y su minifalda fucsia de poliéster atrapaba con furia su culito mulato, redondo y bien definido, ventaja de sus quince años recién cumplidos, desde hacia pocos días había dejado de sufrir su afro prieto ( me consta que lo sufría con complejos) y lucía orgullosa un cabello alisado que a toda costa trataba de mover como una leona luego de cada saltito a los charcos, llevaba una blusita de tirantes, a rayas creo no recuerdo qué color, lo que sé es que desentonaba , todo se le perdonaba mientras no usara sostén, Sonia tenia las tetas enormes, la gente decía que es que esa niñita desde chiquitica la manosearon y eso pone las tetas grandes, yo desde niñito me manoseo el pene y ahí lo veo. No fue tan receptivo como las tetas de Sonia. Fue la última vez que le vi desde mi ventana del segundo piso, mi hermano Víctor abajo veía algún programa de tv, ese día no saldríamos, ninguno bajo ningún concepto, madrugábamos al día siguiente a un viaje largo según decía mamá.
Recuerdo que a Sonia le negaron la entrada a casa hacía ya un tiempo larguito, mamá la encontró encerrada en el armario con víctor, con caras de susto y envueltos en un olor a mariscos que a mí me gustaba, Sonia siempre dejaba el armario de nosotros oliendo a mariscos, pero lo que a mamá no le gustó fue olerle las manos viscosas a mi hermano y el olor le quedara a ella impregnado en la punta de la nariz.
- Te largas a tu casa carajo, no se lo digo a tu pae porque me da lástima cómo te contramata cada vez que le llevan quejas. pervertida nojoda tan chiquita y tan culiona! Y tú ve a bañarte cochino sin vergüenza! Gritaba mi madre mientras víctor saltaba sin poder zafarse de su mano y sus chancletazos ruidosos.
Mamá nunca lo supo pero Víctor le cambiaba a Sonia panes por su entrepierna con olor a pez, o lo que fuera, ella se contentaba con cualquier cosa. Alguna vez me pilló mirando la turgencia de sus senos y soltó una carcajada de dientes sucios, me dijo –Emilito, Te las dejo tocar si me regalas el reloj rosado de tu hermanita. No supe que decir, sentí vergüenza pero di media vuelta y traje el reloj, Sonia vivía en una casita desvencijada y siempre estaba sola, su madre los había abandonado y el padre no sé que hacía pero jamás estaba en su casa. Tomó el reloj y cogiéndome de la mano me halo al catre maloliente que se sostenía a la pared carcomida de la sola habitación de la construcción, se sentó y me senté a su lado, se sacó una teta y con la cara más fría que pude haberle conocido me dijo luego de unos segundos.
-Chupa.
Mis ocho años estaban paralizados, pero quería probar, bruscamente me halo de la nuca y apretó mi cara contra su seno izquierdo esponjoso y tibiecito, abrí mi boca y casi puedo jurar que su pezón hinchado buscó entrar por sí solo. Fue el paraíso. No era como con mamá, que a veces le decía “tetica, tetica!” y ella reía maternal sacándose de la blusa una de sus tetas que olían a hogar, no no no, esta vez era una cosa diferente, un hormigueo me venía inflando el pipí y de repente sentí como por sí mismo se movía hacia arriba como provocando a pelea.
- Hasta ahí. – Dijo Sonia sacando el pezón de mi boca, le pasó la mano para apartar mis babas y se lo guardó.
- Ya. Vete.
- Por qué?- Se te acabó el tiempo. Si quieres más tráeme alguna otra cosa.- Me falta la otra…. (Dije mirando hacia abajo )
- Te gastaste el tiempo en una sola!
Miró hacia mis pantalones y soltó una carcajada.
- Jajajajaja tu mamá diciéndome dizque culiona y mírate, con el pitico parao, tú si que eres arrecho. Ve a buscarme otra cosa si es que quieres más.
Salí de ese hueco sintiéndome mal, un tanto sucio, con cargos de conciencia y las ganas de volver a tener en mi boca esas esponjitas de carne tibia con piquitos. Pero no volví. Y rehuí de verle en los días siguientes hasta esa última noche en que daba saltitos desesperados por no mojar sus taconcitos. Miró hacia arriba y me vio observándola, sonrió y se sobó rapidito las tetas, contuvo la carcajada y siguió calle arriba meneando con más furia el culito.
Hemos vuelto nuevamente a la ciudad, ya creciditos y con pelos por todos lados, Víctor volvió dos años antes que yo, madre a muerto hace ya siete, esperando en vano que mi hermano mayor cambiara su mala vida, que pintaba desordenada desde que le frotaba el marisquito a Sonia en el armario. A Sonia hoy la he recordado al ver pasar frente al taxi que me lleva a algún bar a una mujer con pinta de puta de tres pesos la hora (incluyendo habitación y condón) el mondonguito de su vientre iba saltando al compás de sus grandes senos morenos …como ubres cansadas que seguro años antes amenazaban con saltar fuera del escote, la mujer se las ha sobado mirando al taxista a través del vidrio y el tipo con un gesto de desprecio le ha pedido que circule agitando la mano. Habría jurado que era ella de no ser por lo envejecida que se ve esta mujer, por lo menos veinte años más de lo que Sonia tendría ahora.
Mis primos cuando apenas era un carajillo de corta edad, decían que yo sería un tipo pinta, que las mujeres andarían tras de mí, eso me hacia sacar cuentas y el resultado era que por cada mujer dos tetas estarían disponibles para recordarme los pocos segundos de lactancia que Sonia me trucó… Crecí y así ha sido, las he encontrado grandes chiquitas, redondas alargadas, negritas, pálidas, canelitas de pezones erectos y casi sin pezones, caídas, militares, estriadas, de aureolas imperiales, aureolas negras, rojas, cafés, con leche, sin leche…pero carajo…ningunas …ningunas como las de aquella chica prieta y de dientes sucios llamada Sonia.



